jueves, 11 de septiembre de 2014
martes, 24 de junio de 2014
La segunda guerra mundial
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (RESUMEN)
Bombarderos de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Foto: Revista Life.
Resumen de la Segunda Guerra Mundial
(Un resumen más corto aquí)
Introducción
La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto armado que estalló en 1939, entre las potencias del Eje(Alemania, Italia y Japón) y los Aliados (Inglaterra, Francia y Unión Soviética). Este segundo bloque fue reforzado por Estados Unidos desde 1941.
Causa principal
La ambición de Adolf Hitler (Alemania), Benito Mussolini (Italia) e Hirohito (Japón) por el predominio económico y político del planeta, arrebatándoles sus colonias y semicolonias a las potencias aliadas.
Antecedentes inmediatos
En 1933, el dictador nazi Adolfo Hitler llegó al poder en Alemania y poco después empezó a violar el Tratado de Versalles de 1919. Reactivó su industria militar, reorganizó sus fuerzas armadas y se anexó Austria. Entre 1938 invadió Checoslovaquia. Mientras tanto Italia invadió y conquistó Albania.
Hechos principales
El 1 de setiembre de 1939 Alemania invadió Polonia, provocando así que Inglaterra y Francia le declaren la guerra. En los meses siguientes Alemania invadió Dinamarca, Noruega, Bélgica y Holanda. En junio de 1940 cayó París, la capital de Francia. En agosto del mismo año la aviación alemana bombardeó Londres sin misericordia, pero no lograron la rendición de Inglaterra.
Alentado por los avances alemanes, el dictador italiano Benito Mussolini envió tropas a invadir Grecia y Egipto, pero fueron derrotadas. Esto obligó a Hitler a enviar ayuda para controlar los Balcanes y el norte de África. Estas fuerzas fueron vencidas por los aliados en la Batalla de El Alameín (julio de 1942) y huyeron a Italia, donde también fueron derrotados.
En junio de 1941, Hitler ordenó la invasión a la Unión Soviética. Sus fuerzas avanzaron hacia Moscú, pero estando muy cerca tuvieron que retroceder por el contraataque ruso y la llegada del invierno. Finalmente fueron aplastados por los soviéticos en la gran Batalla de Stalingrado (junio de 1942 – febrero de 1943). Mientras tanto los nazis aplicaban una política de exterminio contra los judíos (Solución final) en crueles campos de concentración como el de Auschwitz (Polonia).
En el Océano Pacífico los japoneses realizaron el bombardeo de Pearl Harbor en diciembre de 1941, provocando el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. La ofensiva japonesa la llevó a conquistar China, el Sudeste Asiático y casi todas las islas del Pacífico. Pero a partir de la victoria estadounidense en el Batalla de Midway (junio de 1942) los japoneses empezaron a perder posiciones.
Fin de la guerra
En junio de 1944 los aliados iniciaron una gran contraofensiva con el Desembarco de Normandía, obligando a los alemanes a replegarse hacia su país. En agosto fue liberada París y en febrero de 1945 todo Francia quedó libre de alemanes. Los aliados invadieron Alemania en marzo, pero los soviéticos llegaron primero a Berlín (25 de abril de 1945). Hitler se suicidó el 30 de abril. El 9 de mayo de 1945 el mariscal alemán Wilhelm Keitel firmó la rendición de su país en Berlín.
El 6 y 9 de agosto Estados Unidos arrojó bombas nucleares sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lo que aceleró la rendición del emperador Hirohito el 2 de setiembre de 1945.
viernes, 13 de junio de 2014
BIOGRFIA DE BENITO MUSSOLINI
Benito Mussolini.
Benito Mussolini nació en Forlì (Italia) el 29 de julio de 1883. Fue hijo de Alessandreo Mussolini y Rosa Maltoni. Estudió docencia. Fue profesor, líder sindical y militante del Partido Socialista. Fue encarcelado varias veces por agitador. Cuando en 1914, fue expulsado del Partido Socialista por apoyar el ingreso de Italia en la Primera Guerra Mundial. Se enroló y peleó hasta quedar herido en 1917. En 1919, creó los Fasci di Combattimento para combatir a los comunistas y anarquistas. Fue elegido diputado en 1921. En octubre de 1922, organizó la "Marcha sobre Roma". Entonces el rey Víctor Manuel III lo nombró Primer Ministro. De inmediato organizó un Estado Fascista (nacionalista, militarista, anticomunista). Su afán imperialista lo llevó a invadir Etiopía (1935), Libia (1938) y Albania (1939). En 1939, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Italia era aliada de Alemania. Mussolini organizó una fracasada invasión a Grecia. En julio de 1943, ingleses y estadounidenses invadieron Italia. Con el apoyo de Alemania, Mussolini organizó en el norte una "República Social Italiana", pero en 1945 fue capturado por los partisanos (comunistas) cuando intentaba huir a Suiza. El 28 de abril de 1945 Mussolini fue fusilado en Dongo.
Benito Mussolini nació en Forlì (Italia) el 29 de julio de 1883. Fue hijo de Alessandreo Mussolini y Rosa Maltoni. Estudió docencia. Fue profesor, líder sindical y militante del Partido Socialista. Fue encarcelado varias veces por agitador. Cuando en 1914, fue expulsado del Partido Socialista por apoyar el ingreso de Italia en la Primera Guerra Mundial. Se enroló y peleó hasta quedar herido en 1917. En 1919, creó los Fasci di Combattimento para combatir a los comunistas y anarquistas. Fue elegido diputado en 1921. En octubre de 1922, organizó la "Marcha sobre Roma". Entonces el rey Víctor Manuel III lo nombró Primer Ministro. De inmediato organizó un Estado Fascista (nacionalista, militarista, anticomunista). Su afán imperialista lo llevó a invadir Etiopía (1935), Libia (1938) y Albania (1939). En 1939, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Italia era aliada de Alemania. Mussolini organizó una fracasada invasión a Grecia. En julio de 1943, ingleses y estadounidenses invadieron Italia. Con el apoyo de Alemania, Mussolini organizó en el norte una "República Social Italiana", pero en 1945 fue capturado por los partisanos (comunistas) cuando intentaba huir a Suiza. El 28 de abril de 1945 Mussolini fue fusilado en Dongo.
martes, 4 de febrero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
el republicanismo y otras ideas de organización de los estados
El republicanismo y otras ideas de organización de los estados.
El republicanismo es una teoría política que propone y defiende la república como el modelo de gobierno óptimo para un Estado. En sentido estricto, la república se define en oposición a las otras formas clásicas de gobierno: la monarquía y la aristocracia; así como a sus respectivas corrupciones: el despotismo y la oligarquía. Por extensión, se refiere a un sistema político que protege la libertad y especialmente se fundamenta en el derecho, en la ley como expresión de la voluntad soberana del pueblo y a la que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo. Se ha escrito mucho sobre qué tipos de valores y comportamientos deben tener los ciudadanos de una república para su desarrollo y éxito; se suele hacer énfasis generalmente en la participación ciudadana, valores cívicos y su oposición a la corrupción.
En principio, la noción de república en cuanto forma de gobierno no es en sí misma sinónimo de democracia, al menos en el sentido dado al término en la Edad Contemporánea. Han existido repúblicas autoritarias y despóticas. Pese a apoyarse en el principio hereditario para la designación de la Jefatura del Estado, una Monarquía puede ser considerada democrática en la medida en que los miembros de los poderes legislativo y ejecutivos sean elegidos directa o indirectamente por voluntad popular.
El republicanismo en la teoría política
El gorro frigio, usado como símbolo del republicanismo desde el siglo XIX.
En la concepción republicana de la política resulta crucial el concepto de la virtud cívica. Esta noción, elaborada desde Tucídides, Aristóteles y Cicerón hasta Maquiavelo, persiste en el republicanismo moderno, desde Milton, Rousseau y los padres de la Constitución norteamericana hasta hoy. Sin hacerse ilusiones sobre la virtud del hombre, comprenden, aristotélicamente, que es menester confiar en el ciudadano medio, trabajador y honrado, que hace posible la ciudad y la práctica política.
La tradición republicana no es contradictoria con los principios liberales, sino que los complementa y potencia mediante una participación ciudadana efectiva. Para ello, es preciso reforzar ciertos elementos, todavía muy débiles, de las democracias representativas que predominan en la actualidad: fomentar una cultura cívica más robusta, alcanzar una mayor igualdad social y organizar unas instituciones políticas que aumenten la calidad de la participación, en especial mejorando los mecanismos de deliberación a efectos de adoptar las decisiones políticas más adecuadas a los intereses de todos.3
El republicanismo como movimiento en las monarquías contemporáneas
Republicanismo en España
Artículo principal: Republicanismo en España
Tras dos experiencias frustradas (1873-1874 y 1931-1939), en España
se experimenta en los últimos años un renovado interés por el
republicanismo, interés que se plasma en una cierta revitalización de
los movimientos en favor de la reinstauración de la República como forma
de Estado. Una muestra de este movimiento es el surgimiento de
plataformas como Ciudadanos Por la República o la creciente alusión al republicanismo por parte de partidos como Izquierda Unida y partidos minoritarios, generalmente de izquierdas, así como por parte de partidos independentistas tales como Esquerra Republicana de Catalunya. En una encuesta realizada en el 2007 apunta, que, un 69% de la población está a favor de la continuidad de la monarquía frente a un 22% que opta por la república.4 Otra encuesta de Sigma Dos del 2008
afirma que un 57,9% de la ciudadanía española se muestra indiferente en
el momento de elegir a favor de la Monarquía o la República. Un 16,2%
dice sentirse republicano, un 15,7% se declara monárquico y un 7% afirma
ser juancarlista.5
En diciembre de 2013 Sigma Dos realizó una nueva encuesta y esta vez el
porcentaje de personas que apoyaban la Monarquía como forma de Estado
para España bajó por primera vez del 50%, quedándose a 49,9%, mientras
que los que abogaban por cambiar el sistema ascendieron hasta un 43,3%.6Republicanismo en Japón
En Japón también se está viviendo cierto auge del republicanismo a causa del crecimiento del Partido Comunista Japonés, que siempre ha mantenido una posición contraria a la monarquía nipona.7 También es notable la lucha de otros partidos minoritarios en Japón. De todas formas, este movimiento aún no ha cuajado del todo en la sociedad nipona, a diferencia de lo ocurrido en España, e incluso en el PCJ aceptarían la figura del emperador si fuera simbólica.Republicanismo en Oriente Medio y en el mundo musulmán
Artículo principal: República islámica
En Oriente Medio, en concreto en los estados que son una monarquía absoluta como Arabia Saudí,
siempre ha habido una opción republicana, aunque esta opción presenta
un perfil diferente al occidental. En estos países, la república por la
que se aboga está impregnada por el Islam y tiene ya expresión en
Estados como Irán.8
Paradójicamente, en Irán existen movimientos de base que cuestionan la
república islámica por su carácter autocrática y propugnan, en cambio,
un republicanismo de corte occidental. En el resto del mundo musulmán,
son los partidos musulmanes más extremistas los que luchan por una
república islámica, y los partidos menos radicales los que luchan por
una república occidental. En el caso de Arabia Saudí, hay un
resurgimiento del republicanismo occidental, que se ha visto influido
por el auge del movimiento femenista en este país, coincidiendo con la
reclamación de derechos para las mujeres. Pese a la postura de las
autoridades saudíes, la influencia occidental se hace así evidente.Republicanismo en la Mancomunidad de Naciones
Luego de lograr su autonomía o independencia, varias de las antiguas colonias del Imperio británico se han mantenido como súbditas de su corona. Por otro lado, algunos estados que fueron Reinos de la Mancomunidad se convirtieron luego en repúblicas, tales como Irlanda, India, Malta, Guyana, Fiyi y Sudáfrica.Republicanismo en Australia
Artículo principal: Republicanismo en Australia
Recientemente en Australia se ha debatido sobre la validez de su lealtad a la corona británica, teniendo lugar en 1999 un referéndum
para tratar la propuesta para convertirse en república
presidencialista. La proposición se vio rechazada por una mayoría simple
(el 55% de votos en contra).9 Sin embargo, este dilema se ve también influenciado por el debate nacional que hay en torno a la bandera australiana.10Republicanismo en Reino Unido
Bandera propuesta para la «República Británica» usada por el Cartismo.
En la política actual Británica ninguno de los tres partidos mayoritarios poseen una política republicana. Sin embargo, existen miembros del parlamento que están a favor de la abolición de la monarquía, pertenecientes normalmente al partido Laborista.
En la encuesta realizada por Ipsos MORI en el año 2006 indica que el 18% de los británicos están a favor de la República, con el 72% que eligen la Monarquía, y un 10% del que no sabe no contesta.11 En otra encuesta realizada por los lectores de los periódicos The Guardian y The Observer en el 2009, refleja como medidas radicales la abolición de la monarquía para un 54% de los encuestados, aunque solo el 3% lo ve como una prioridad.12
jueves, 16 de enero de 2014
Antiguo Régimen
La Bastilla, fortaleza del rey en París usada como cárcel, era considerada como símbolo del Antiguo Régimen por sus enemigos, y su toma como el inicio de la Revolución que llevó al Nuevo Régimen (1789). Sus escombros fueron objeto de un comercio parecido al que doscientos años más tarde tuvieron los del muro de Berlín.
También puede aplicarse como equivalente a una época que, prácticamente, coincidiría con lo que se conoce como Edad Moderna.
Aunque su utilización es contemporánea a la Revolución, la mayor responsabilidad de su fijación en el ámbito literario le pertenece a Alexis de Tocqueville, autor del ensayo El Antiguo Régimen y la Revolución.1 En ese texto indica precisamente que «la Revolución francesa bautizó lo que abolía» («la Révolution française a baptisé ce qu'elle a aboli»); Tocqueville dotó al concepto de una confusa capacidad de oposición del Antiguo Régimen frente al periodo medieval, que se hizo común en la historiografía durante los siglos XIX y primera mitad del XX e historiadores posteriores han discutido, especialmente François Furet.2
Desde el punto de vista de los reaccionarios enemigos de la revolución, el término Antiguo Régimen fue reivindicado con un punto de nostalgia, siguiendo el tópico literario del «paraíso perdido» (o el manriqueño «cualquiera tiempo pasado fue mejor»). Talleyrand llegó a decir que «los que no conocieron el Antiguo Régimen nunca podrán saber lo que era la dulzura del vivir» («ceux qui n'ont pas connu l'Ancien Régime ne pourront jamais savoir ce qu'était la douceur de vivre»).
La aplicación del término a las estructuras económicas y sociales se atribuye a Ernest Labrousse,3 y fue difundido por la contemporánea Escuela de Annales, con gran aceptación en España a través de hispanistas como Pierre Vilar o Bartolomé Bennassar. Su utilización con este sentido, que no era usual antes, se hizo habitual por los autores del tercer cuarto del siglo XX, como Antonio Domínguez Ortiz, Gonzalo Anes o Miguel Artola, que terminaron por fijar el concepto en la historiografía española. La aplicación del término a la historia de las instituciones españolas es muy anterior, pero parece que también se originó por influencia francesa, como es el caso de la obra del hispanista de finales del XIX Georges Desdevises du Dézert,4 recogida por Antonio Rodríguez Villa en 1897.5
Definición
Mapa de Europa de Herman Moll (1703). Los colores utilizados por el cartógrafo no designan entidades políticas existentes, sino más bien el recuerdo de las antiguas divisiones geográficas de época romana (Galia, Italia, Germania), junto con otras que sí son efectivas (Imperios Turco y Ruso, Confederación Helvética, Reinos de Portugal, Suecia o Polonia).
- 1º sistema económico: en transición del feudalismo al capitalismo;6
- 2º relaciones sociales: determinadas por la oposición entre la sociedad estamental y una burguesía que no puede acceder al papel de clase dominante que ocupan los estamentos privilegiados;
- 3º sistema político: monarquía absoluta o, como poco, monarquía autoritaria. La tensión fundamental en este ámbito es la que se produce entre la centralización del poder y el respeto a los privilegios de todo tipo (personales, estamentales y territoriales), que mantenían una gran multiplicidad de jurisdicciones y fueros.
Extensión
Recreación moderna que presenta las efectivas divisiones políticas después del Tratado de Westfalia (1648), que cierra la Guerra de los Treinta Años con un nuevo equilibrio europeo sobre el naciente concepto de relaciones internacionales en pie de igualdad.
La imposibilidad de retrotraer el concepto a entidades políticas de un periodo anterior, incluso en Europa, viene del hecho de que las formas políticas medievales eran de carácter feudal, dependientes en alguna medida del Imperio o del Papado, o bien eran alguna forma de ciudad-estado; por otro lado, el naciente capitalismo era aún algo completamente marginal, y la sociedad estamental (ya definida) aún no había producido sus mecanismos e instituciones finales. En ningún caso responden a los requisitos propuestos.
La duración temporal del Antiguo Régimen coincidiría con lo que llamamos Edad Moderna: del siglo XV al XVIII. Esto es válido tanto para Francia (desde el fin de la Guerra de los Cien Años hasta la Revolución francesa) como para España (de 1492 a 1808). No obstante, algún autor, como Arno Mayer, argumenta la persistencia de rasgos propios del Antiguo Régimen en la Europa de finales del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial.9
El modelo francés
Artículo principal: Antiguo Régimen en Francia
La reconciliación de Enrique III y Enrique de Navarra, por Rubens (1628). Un episodio de la guerra de los tres Enriques, que terminó ganando el de Navarra, futuro Enrique IV.
Identificados, al menos en teoría, el interés del Estado, el del Pueblo y el del Rey, se avanza en la construcción de un mercado de dimensiones nacionales, con el respaldo de un imperio colonial (que sufre grandes altibajos al albur de las continuas guerras); se moderniza la administración y los impuestos (la gabela, la tallación) todo lo que los privilegios estamentales o territoriales permiten; se consigue la imposición del catolicismo (revocación del Edicto de Nantes) y el control de la Iglesia (galicanismo); o se prestigia el francés como la lengua común (y la culta de Europa, en sustitución del latín) y el vehículo de una pujante cultura (Molière, Racine, Corneille) que destrona al Siglo de Oro español, institucionalizada en la Académie Française.
No obstante, la acumulación de contradicciones entre la cerrada sociedad estamental y la pujanza de la burguesía llevó a la Revolución francesa de 1789, que fue modelo de las demás revoluciones burguesas que transformaron los sistemas políticos europeos en monarquías constitucionales a lo largo del siglo XIX o repúblicas en el horizonte de la Primera Guerra Mundial.
El estilo político español
Artículo principal: Instituciones españolas del Antiguo Régimen
El mendigo, de Murillo. A pesar de individuos e instituciones caritativas que veían en el pobre una imagen de Jesucristo, el Antiguo Régimen asociaba la pobreza extrema y públicamente exhibida a todo género de vicios, tal como muestran la literatura picaresca genuinamente española y los arbitristas. No faltaron leyes destinadas a reprimir la mendicidad y proyectos de encerrar a los pobres en asilos, lejos de la visión del público, frustrados por el endémico déficit presupuestario de la monarquía española.10
El éxito es indudable, y aventajó al de la monarquía francesa durante el siglo XVI: se consigue un conjunto territorial sin parangón (Felipe II pudo decir "en mis dominios no se pone el sol") que, aunque poco cohesionado, puede ser eficazmente gobernado desde un centro localizable en Castilla tras la Guerra de las Comunidades (1521) y la elección de Madrid como capital política (1561); de Castilla se drenan una fabulosa cantidad de recursos impositivos (alcabalas, regalías, servicios de unas Cortes comprensivas, Quinto Real de las remesas metálicas americanas) que se gastan en la política europea que identifica los intereses de la Monarquía Católica con los de la causa del catolicismo. El éxito queda confirmado por la propia Leyenda Negra, explicada tanto por la realidad del cruel dominio sobre América (de la que los propios colonizadores fueron conscientes: polémica de los naturales), la represión de la disidencia (a la que se forzaba a la asimilación, la expulsión o la hoguera: conversos, moriscos; o las más minoritarias conductas consideradas antinaturales, la brujería y los mínimos focos de protestantes) y la impotencia de sus enemigos, resignados a combatir con propaganda antiespañola a la potencia hegemónica (el paralelismo con el antiamericanismo del siglo XX es claro). El control interior queda garantizado por una creciente burocracia (régimen polisinodial de los Consejos) que se implanta territorialmente a través de los virreyes, (en los reinos) y los corregidores (en las ciudades). El control de los estamentos privilegiados se logra por la sumisión del clero (patronato regio, reformas de Cisneros) y la nobleza, acostumbrada a poner y quitar reyes en las guerras civiles castellanas de la Baja Edad Media, de las que la Guerra de las Comunidades son el último episodio;11 el rey se convierte en Gran Maestre de las Órdenes Militares (desde Fernando el Católico), implica a la aristocracia en su política de nombramientos (institución de la grandeza de España con Carlos V), y deja claro que a cambio de ejercer sin injerencias el poder político les garantiza el poder social y económico (institución del mayorazgo, leyes de Toro). Los desmochamientos de torreones (que sufre incluso Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán al que se le pidieron las famosas cuentas de su gestión en Italia) son un claro mensaje simbólico. Los puestos burocráticos son un buen banderín de enganche para la baja nobleza y la burguesía. A falta de una policía digna de tal nombre (la Santa Hermandad no pasó de ser un cuerpo militar) se disponía de la red informativa y represiva de la Inquisición (de cuya sumisión al poder real es prueba su utilización en algún destacado caso, como el de Antonio Pérez).
El cambio de dinastía de 1700 (Felipe V de Borbón) produjo el encauzamiento del sistema hacia un absolutismo con características similares al francés, que produce intentos bienintencionados pero siempre fallidos: la racionalización fiscal como el Catastro de Ensenada, reformas ilustradas como las de Esquilache (expulsado del poder por el Motín que lleva su nombre tras una liberalización del precio del trigo, hasta entonces sometido a tasa) o el expediente de la ley Agraria, eternamente tramitado, que pretendía resolver el hambre de tierra de los campesinos. La revolución francesa truncó las expectativas del reformismo.12
El Antiguo Régimen perdura brevemente en el siglo XIX hasta la Guerra de la Independencia Española, cuando, al promulgarse la Constitución de 1812 en Cádiz se abrió el proceso de constitucionalismo. Por otra parte, el término Antiguo Régimen tuvo el mismo significado que en Francia, a pesar de que el final de dicho régimen no fue tan drástico como el francés. Tras los años de ocupación francesa y la derrota de Napoleón en la Guerra de la Independencia Española, se produjo la Restauración absolutista, lo que provocó la involución de la política española al Antiguo Régimen durante la mayor parte del reinado de Fernando VII. Su sombra continuó presente durante el segundo tercio del XIX con las Guerras Carlistas, a pesar de la sucesión de textos constitucionales, la llegada de liberales más o menos moderados al gobierno, casi siempre tras pronunciamientos militares y de iniciarse una modesta industrialización. La revolución de 1868 con el derrocamiento de la Reina Isabel II de España no cerró definitivamente la tentación involucionista, pero ya en un contexto completamente diferente: la Restauración de Alfonso XII o las Dictaduras de Primo de Rivera o Franco, por mucho que recuperara ésta última la nostalgia del Imperio, tienen otra definición.
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sábado, 4 de enero de 2014
LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y ETAPA NAPOLEONICA
LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y ETAPA NAPOLEÓNICA
La Revolución Francesa (1789—1799) es uno de los más grandes y decisivos acontecimientos de la Historia e inicio de la época Contemporánea. Tiene una importancia fundamental, ya que al sustituir el antiguo orden —Antiguo Régimen— por un orden nuevo liberal abrió paso al mundo moderno.
Los historiadores no han dejado de debatir sobre sus orígenes, duración, etapas, protagonistas, consecuencias y significado. El debate se ha reavivado y enriquecido con ocasión del bicentenario de la Revolución de 1789.
La Revolución Francesa ha sido considerada tradicionalmente como el modelo de revolución burguesa, en la que la burguesía desplazaba a la aristocracia del poder. Godechot y Palmer defienden que es la más importante de las llamadas revoluciones atlánticas, que transcurrieron entre 1770 y 1779 en Europa y América. Para la historiografía marxista —Lefebvre, Soboul— fue una lucha de clases, siendo la dictadura jacobina el punto culminante de la revolución. Furet sostiene que no puede hablarse de enfrentamiento de clases ya que no había una, sino varias burguesías en la Francia de 1789, con intereses opuestos respecto al papel de la monarquía. Mantiene que no hubo una sino tres revoluciones.
Se han reabierto los debates acerca del origen y alcance del Terror. También hoy interesan más las experiencias individuales de la gente corriente y se ha profundizado en los estudios sobre la revolución en el entorno rural.
[editar] Las causas de la revolución
Las causas son complejas y variadas, ya que intervinieron factores políticos, económicos, sociales e ideológicos. Francia, en la que desde 1774 gobernaba de forma absoluta y por derecho divino Luis XVI, se hallaba sumida en una profunda crisis en la década de 1780.
La sociedad francesa prerrevolucionaria era estamental. La nobleza y el clero eran los estamentos privilegiados; apenas suponían el 1% de la población, pero detentaban el poder político y social y estaban apegados a sus derechos señoriales y exentos del pago de impuestos. El Tercer Estado aglutinaba a la mayoría de la población (el 99%). Dentro de él, había grandes diferencias de estatus y riqueza. La burguesía, enriquecida por el desarrollo del capitalismo en la industria y en el comercio, trataba de comprar cargos y títulos nobiliarios pues les aportaban riqueza. Aunque no tuviera aún conciencia de clase, la burguesía rechazaba la sociedad tradicional, los privilegios y el absolutismo y aspiraba a intervenir en el gobierno de la nación, alentada por las ideas ilustradas y el ejemplo de la Guerra de la Independencia americana.
Era una sociedad esencialmente rural. Los campesinos suponían el 80% de la población y estaban agobiados por los excesivos impuestos que pagaban al rey —la talla, la gabela— los derechos feudales al señor —rentas y las odiosas corveas— y el diezmo a la Iglesia. Las crisis económicas eran constantes desde 1763, motivadas por las continuas y largas guerras y la mala administración, pero la crisis de 1788 agravó la situación: las malas cosechas trajeron escasez de alimentos y hambre, así como el descenso generalizado de los precios agrícolas que la nobleza terrateniente intentó compensar aumentando los tributos, lo que generó disturbios y protestas de los campesinos. Los artesanos y obreros de las ciudades se habían empobrecido también a causa de la crisis económica, que trajo consigo hambre, paro y frecuentes motines de subsistencia.
El descontento era general. A ello hay que sumar las críticas que los pensadores de la Ilustración —Montesquieu, Voltaire, Rousseau y los enciclopedistas— hacían al absolutismo real y al gobierno que se mostraba incapaz para hacer frente a los problemas de Estado. También criticaban a la Iglesia.
Pero la causa fundamental para el estallido de la Revolución fue la crisis financiera. Desde 1783 las finanzas se hallaban en una situación crítica debido a los enormes gastos de la Corte, los costes de la guerra de los Siete Años y al pago de los intereses de la enorme deuda por los préstamos a los colonos durante la guerra de la Independencia de Estados Unidos (1775—1783).
La monarquía francesa se vio obligada a tratar de reducir la inmunidad de la nobleza en lo relativo a los impuestos para sanear la Hacienda y hacer frente a la crisis. Pero la hostilidad de la nobleza y el clero ante la reforma fiscal y social hizo fracasar los sucesivos intentos de los ministros reales (Turgot, Necker, Calonne y Brienne) para eliminar los privilegios fiscales y racionalizar el sistema de tributos. Luis XVI se mostró indeciso e incapaz ante la situación.
[editar] La Revuelta de los Privilegiados (1787—1789)
La Revolución Francesa se inició con una Revuelta de los privilegiados. Calonne había tratado de convencer a una Asamblea de Notables reunidos en Versalles en febrero de 1787, de que aceptasen un impuesto territorial universal, la reducción de la talla y la gabela y la abolición de las aduanas interiores, pero rechazaron estas medidas. Su sucesor, Brienne, lo intentó de nuevo pero los notables respondieron que solamente una asamblea de representantes de los tres órdenes podría aprobar tal reforma y reclamaron una reunión de los Estados Generales, un cuerpo consultivo que reunía a los representantes de los tres estamentos y se había reunido por última vez en 1614. Brienne se dirigió al Parlamento de París, el más importante y controlado por la nobleza, que rechazó también el subsidio territorial y pidió la reunión de los Estados Generales. El gobierno quiso suprimir los Parlamentos, pero se resistieron. En julio de 1788 Luis XVI decidió convocar los Estados Generales para mayo de 1789. Brienne fue reemplazado por Necker.
Los electores de los diversos estamentos se apresuraron a designar a sus diputados. Los del Tercer Estado prefirieron elegir como representantes a los burgueses. Se comenzaron a redactar unos Cuadernos de Quejas (cahiers de doléances) en los que los franceses expresaban sus reivindicaciones. Todos coincidían en manifestar su lealtad al rey. Los del clero y la nobleza se mostraban defensores de los privilegios. Los del Tercer Estado expresaban, más que la opinión de los campesinos y artesanos, la opinión de la burguesía que solicitaba un cambio politico. Los campesinos se quejaban de las cargas materiales y los tributos señoriales que soportaban. Son una fuente incomparable para los historiadores.
Gracias a la suspensión de la censura en la prensa, se distribuyeron numerosos panfletos, el más difundido fue el del abate Sieyès titulado ¿Qué es el Tercer Estado? que afirmaba que el estado llano era la nación. También hubo debates y discusiones sobre si los tres órdenes debían reunirse por separado, como deseaban los estamentos privilegiados, o en una cámara común, como quería el Tercer Estado.
Luis XVI vacilaba. Al final aceptó duplicar el número de representantes del tercer estado, pero no se pronunció sobre la forma de efectuar las votaciones.
[editar] Etapa moderada y de monarquía constitucional (1789—1792)
[editar] La reunión de los Estados Generales
El 5 de mayo de 1789 se reunieron en Versalles los Estados Generales, compuestos por 270 diputados de la nobleza, 291 del clero y 578 del Tercer Estado. Los diputados del Tercer Estado reclamaron el voto por cabeza e invitaron a los otros estamentos a que se les unieran. Sólo lo hicieron algunos miembros del bajo clero.
El 17 de junio, a propuesta de Sieyès, los diputados decidieron constituirse en Asamblea Nacional. La mayor parte del clero y 80 nobles se unieron al Tercer Estado. Luis XVI ordena cerrar la sala de reuniones y los diputados indignados se reunirán entonces en la Sala del Juego de Pelota. Dirigidos por Mirabeau juraron no separarse hasta que hubiesen elaborado una Constitución a Francia. Era una auténtica revolución jurídica, que significaba el triunfo del principio de soberanía nacional y el fin de la monarquía absoluta.
[editar] La Asamblea Nacional Constituyente (1789— 1791)
El 9 de julio, la nueva Asamblea se transformó en constituyente al decidir preparar una Constitución. Luis XVI, mal aconsejado por la reina Maria Antonieta y otros miembros de su Corte, no quiso aceptar esta revolución pacífica. Destituyó a Necker y concentró tropas cerca de París, que se sublevó, iniciando la revolución violenta.
Los parisinos, en busca de armas, asaltaron el 14 de julio la Bastilla, una fortaleza y prisión, que era símbolo del absolutismo. Se formó un Ayuntamiento revolucionario y una Guardia Nacional, dirigida por La Fayette. Surgió la escarapela tricolor (azul, blanca y roja) que pasó a ser la bandera nacional. El rey cedió a retirar las tropas y volvió a llamar a Necker. Acudió a París en medio del entusiasmo popular aceptando el nuevo poder municipal. Otras ciudades siguieron el ejemplo de París.
Mientras tanto tuvo lugar la revolución campesina. El miedo se extendió ante los rumores de una conspiración de aristócratas y se desencadenó la Grande Peur —el Gran Miedo—, que provocó desórdenes y disturbios por todo el país con el asalto de los campesinos a los castillos, la quema de archivos y la muerte de nobles.
La Asamblea Nacional, inquieta ante estos hechos, decidió la noche del 4 de agosto decretar la abolición del régimen feudal, aunque se otorgaban compensaciones a la nobleza propietaria, y se suprimió el diezmo. En otras leyes se prohibía la venta de cargos públicos y la exención tributaria de los estamentos privilegiados.
Posteriormente, el 26 de agosto de 1789, la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Es un documento fundamental cuyos principales inspiradores fueron Mirabeau y Sieyés. Este breve texto —constaba de un preámbulo y diecisiete artículos— proclamaba que los hombres son libres e iguales y que tienen todos los mismos derechos «naturales e imprescriptibles»: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión; afirmaba la idea de que el poder está en la Nación — Soberanía Nacional— y que la ley es la expresión de la voluntad popular; defendía la separación de poderes; proclamaba las libertades de opinión y expresión; establecía la igualdad judicial y la igualdad fiscal. 1 Este texto constituye el primer documento delliberalismo político. La Asamblea formuló también los tres principios de la Revolución: «Liberté, Égalité, Fraternité»(«Libertad, Igualdad, Fraternidad»).
Luis XVI se negó a sancionar la Declaración y los decretos aprobados el 4 de agosto. Estalló una nueva revuelta popular atizada por la escasez de alimentos y la carestía. El 5 de octubre, una manifestación de mujeres fue a Versalles y obligó al rey a sancionar estos decretos y a trasladarse a París con su familia.
La Asamblea Nacional habia heredado el problema financiero de la monarquia y para solucionarlo procedió anacionalizar los bienes de la Iglesia; a cambio el Estado se comprometía a sostener el culto y el clero. Estos bienes sirvieron para respaldar la emisión de papel moneda, los asignados, que pronto empezaron a depreciarse. Las tierras nacionalizadas fueron subastadas en grandes lotes. La Asamblea quería facilitar a los campesinos el acceso a la propiedad de estas tierras, pero como no tenían dinero, fueron los campesinos adinerados, la burguesía y la nobleza los que se beneficiaron de la venta de los bienes nacionales.
La Asamblea también emprendió la reforma de la Iglesia. En febrero de 1790 suprimió las órdenes religiosas excepto las dedicadas a enseñanza y hospitales. El 12 de julio aprobó la Constitución civil del clero, que permitía la separación de Iglesia y Estado. Los obispos y los curas serían elegidos como los demás funcionarios. Se exigió al clero el juramento de fidelidad al rey, a la nación y a la Constitución. Esto provocó la división de los clérigos, entre juramentados y refractarios, y una profunda fractura en la sociedad.
En junio de 1791 la familia real huyó de París para reunirse con el ejército absolutista en Austria pero fueron arrestados en Varennes y devueltos a París. Su doblez y traición desprestigió a la monarquía.
La Asamblea aprobó la Constitución de 1791 que definía una Monarquía Constitucional como sistema político y consagraba el principio de la soberanía nacional. Establecía la división de poderes: el rey tenía el poder ejecutivo, nombraba y destituía a sus ministros, se le reconocía derecho al veto suspensivo durante cuatro años para la aplicación de un decreto votado por la Asamblea, El poder legislativo residía en una cámara única —la Asamblea Legislativa— elegida cada dos años por ciudadanos mayores de 25 años que pagasen un impuesto directo equivalente como mínimo a tres días de jornal (ciudadanos activos). Era el llamado sufragio censitario. Los ciudadanos pasivos y las mujeres fueron excluidos. El poder judicial residía en los jueces, siendo el Tribunal Supremo la institución más alta.
La obra legislativa de la Asamblea Constituyente se completó con una reforma administrativa que uniformizó los gobiernos locales en todo el país, y con una legislación económica basada en el liberalismo económico: libertad de propiedad, de comercio, de producción y de trabajo. Los gremios fueron abolidos y la ley Le Chapelier (1791) impuso un libre mercado del trabajo pero prohibía las asociaciones de trabajadores. La liberalización de la economía provocó la hostilidad de las clases populares, tanto en el campo como en la ciudad.
A la vez se iban perfilando los distintos grupos políticos de los diputados en la Asamblea. Por una parte estaban los aristócratas conservadores o negros, defensores de las prerrogativas reales y del antiguo orden, que eran pocos y se sentaban a la derecha en la cámara. Por otra estaban los patriotas, que defendían la limitación del poder real, aunque existían diferencias entre ellos: la gran mayoría eran los monárquicos moderados o constitucionales, como La Fayette o Talleyrand, que eran nobles liberales, si bien la mayoría eran burgueses. Los patriotas más radicales, como Barnave y Robespierre, se sentaban a la izquierda. Eran miembros del famoso Club de los Jacobinos que se reunía en el convento de la calle Saint Honoré de París. Otro destacado fue el Club de los Cordeleros, dirigido por Danton. Al margen de estos grupos de la Asamblea se hallaban, el petit peuple o la canalla y los contrarrevolucionarios en el exilio.
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